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Una (chilera) historia de exportación

KIB significa “guerrero” en la cultura Maya, la cual utiliza el fuego como uno de sus elementos. De allí surge el nombre de la marca que comercializa en forma de salsa el chiltepe, el chile cobanero y el jalapeño.

“La misión era hacer algo disruptivo. Hacer picantes que no fueran solo la tradicional botella roja y verde que se ve en los anaqueles de los supermercados”, explicó el gerente general de la empresa, Ricardo Galindo.


Envases coloridos y canales de distribución modernos, han sido parte del éxito de las salsas picantes KIB


Pensando en ello, Matías Rodríguez y Eric Avilés, socios fundadores, recurrieron a una receta casera, familiar, que ya se utilizaba en un restaurante de carne.

Eso fue en 2016. Ahora ya exportan a 650 puntos de venta en Estados Unidos y a El Salvador, además de la comercialización por internet a través de Amazon. Desde luego, en Guatemala tienen presencia en unos 750 supermercados y pronto esperan llegar al resto de Centroamérica.


“Me encanta utilizar el Connecting Best Markets (una plataforma digital de AGEXPORT que une la oferta exportable con compradores extranjeros). Me conecto continuamente y ha sido una herramienta para entender y enfocar estrategias”, comentó Ricardo Galindo, gerente general de KIB.


Pero, ¿cómo sucedió todo?

La Comisión de Alimentos y Bebidas de AGEXPORT creó en 2018 su núcleo de salsas. Desde esa instancia “nos han capacitado y dado herramientas, todos hemos logrado ya ciertos objetivos”, contó Galindo.

En el caso de KIB, además, recurrieron a una agencia de publicidad para crear un concepto único: las botellas son transparentes, lo que deja a la vista el color natural de las salsas (según el tipo de chile), pero también agregaron el diseño de las máscaras de la tradicional danza de Moros.

Principalmente la intención era transmitir que se trataba de sabores autóctonos, latinos. “Sabíamos que había potencial exportable desde el principio; la gente en Estados Unidos extraña sus sabores, así que todo se diseñó pensando en ello, en ese mercado nostálgico”, comentó el gerente.


El “chile cobanero” es provisto por productores que viven en las orillas del río Cahabón en Alta Verapaz. La empresa ha capacitado a mujeres de esas localidades para que participen en todo el proceso: desde la siembra hasta la elaboración de las salsas.


Un aspecto clave fue la adaptación del etiquetado para la admisibilidad en el país del norte: desde el tamaño de las letras hasta la especificidad de ingredientes y la categorización del nivel de picor. Sin embargo, mantuvieron los nombres tradicionales como cobanero pepper.

“Queremos incentivar a los guatemaltecos a crear productos con calidad exportadora. Nosotros estamos teniendo una experiencia de éxito rotundo. Sabemos que hay oportunidades”, puntualizó.

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