Guatemala ya es el mayor consumidor de electricidad entre los seis países del Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC), pero sostener su crecimiento exigirá ampliar generación y transmisión a una velocidad mayor, además las licitaciones se ven afectadas por la incertidumbre de inversionistas internacionales, sumado a ello la competencia regional parece poder agregar presión según el perfil de cada empresa inversionista.
Costa Rica y Panamá muestran ventajas frente a Guatemala en indicadores como participación de energías renovables y cobertura eléctrica. En precios, la comparación es más compleja porque cada país utiliza estructuras tarifarias distintas; sin embargo, Costa Rica presenta una señal favorable para la competitividad en 2026: la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (ARESEP) aprobó reducciones de entre 4.9% y 16.4% para los usuarios y reporta que las tarifas de alta tensión se encuentran en su nivel más bajo de los últimos 15 años. Guatemala, por su parte, mantiene estabilidad tarifaria —con reducciones de hasta 3.2% interanual según distribuidora—, mientras Panamá aplica tarifas diferenciadas por distribuidora, consumo, tensión y demanda, por lo que su competitividad debe evaluarse según el perfil específico de cada empresa.

Guatemala: El escenario plantea una carrera contra el tiempo.
El consumo de electricidad en Guatemala crece y la red de transmisión debe avanzar al mismo ritmo. En 2025 el Administrador del Mercado Mayorista -AMM–, reportó que la demanda creció aproximadamente un 5%, lo que significó un alcance histórico de 2,204 MW y la capacidad de transmisión generó más de $130 millones en costos adicionales para el sistema, según estableció AMM en su reporte. Aunque la PET-3 contempló más de 440 km de líneas de transmisión y 14 subestaciones, no se llevó a cabo, ya que la licitación se declaró como desierta debido a que no fue adjudicada a ninguna empresa. “El país no puede esperar a que esas obras concluyan para comenzar a planificar la PET-4, en materia de competitividad y sostenibilidad es esencial determinar los objetivos a corto plazo” resaltó Francisco José Menéndez, Director de la Junta Directiva de AGEXPORT.
El Plan de Expansión Indicativo de Generación (PEIG) 2026-2050, calcula entre 6,217 y 8,485 MW de nueva capacidad, con inversiones de US$5,510.8 millones a US$8,636.3 millones. Por otra parte, el Plan de Expansión del Sistema de Transporte de Energía (PET), proyecta que la demanda pasará de unos 2,100 MW en 2025 a cerca de 6,700 MW en 2050 y contempla 5,687 kilómetros de nuevas líneas y 172 subestaciones, frente a los 5,743 kilómetros existentes.
Mientras la demanda continúa creciendo y las nuevas plantas adjudicadas requerirán conectarse a la red, Guatemala necesita recuperar la confianza de quienes financiarán y construirán esa infraestructura.
El Gobierno reconoce el problema: el Ministerio de Energía y Minas prepara la PET-4 incorporando las lecciones de la licitación anterior, que quedó desierta, y trabaja con la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE) para que generación y transmisión avancen de manera coordinada. El ministro Erwin Barrios, quien asumió el cargo en julio 2026, ha señalado que se analizan modificaciones para hacer el nuevo proceso más atractivo para los inversionistas; la adjudicación podría tomar alrededor de nueve meses y, posteriormente, las obras entre tres y siete años.
La respuesta, por tanto, no será inmediata ni dependerá únicamente de construir más líneas. También deberá reducirse la incertidumbre que hoy generan licencias, permisos municipales, derechos de paso y la distribución de riesgos. En paralelo, el Congreso discute la Ley de Infraestructura Urgente para el Transporte de Energía, propuesta que busca agilizar la ejecución de proyectos y atraer inversión, pero que aún no está vigente.
Inversión colombiana 11 años esperando poder dar luz a Guatemala
El caso de Grupo Energía Bogotá (GEB), es una muestra de la inestabilidad en temas de inversión que tiene Guatemala. La empresa colombiana reporta US$513 millones invertidos en un proyecto iniciado en 2009 en este país, y el cual se tenía contemplado finalizar en 2012, pero para el 2026, el proyecto aún tiene un 97.4% de avance. Su presidente, Juan Ricardo Ortega, advirtió: “En las condiciones actuales, no desarrollaremos nuevos proyectos de transmisión. Para volver a atraer inversión se necesita modificar la asignación de riesgos.” ya que han indicado que la empresa no ha obtenido utilidades desde que se inició en el 2009; asimismo, Juan Jacobo Rodríguez, gerente de Conecta, empresa transportista de electricidad y filial del conglomerado internacional de GEB, ejemplifica la problemática actual que tienen los inversionistas a través de su declaración: “Llevamos más de 11 años esperando una licencia de construcción para un proyecto considerado de interés nacional. Bajo el concepto de autonomía municipal no fue posible obtener las autorizaciones.”.
El riesgo para Guatemala, por tanto, no se limita a dejar de atraer nuevas inversiones. La presión sobre el sistema eléctrico ya comienza a reflejarse en su balance: durante el primer cuatrimestre de 2025, el Ministerio de Energía y Minas (MEM) indicó que la demanda nacional alcanzó 4,693.4 GWh, mientras la generación nacional fue de 4,372.7 GWh, una diferencia de 320.7 GWh que fue cubierta mediante intercambios regionales de electricidad. En ese mismo período, la demanda máxima de potencia alcanzó un récord de 2,204.22 MW, 6.7% más que un año antes.
El Ministerio de Energía y Minas aclara que las importaciones también respondieron a condiciones favorables de oferta en países vecinos, por lo que estos datos no significan que Guatemala haya agotado su capacidad de generación; sí muestran, sin embargo, que la demanda está creciendo con rapidez y que generación y transmisión deberán expandirse al mismo ritmo. De lo contrario, las empresas que ya producen y exportan desde el país podrían enfrentar mayores costos, restricciones para ampliar operaciones y mayores riesgos para garantizar un suministro confiable. En un mercado internacional donde una empresa guatemalteca compite en precio, calidad y tiempos contra proveedores de otros países, cualquier sobrecosto energético reduce sus márgenes y su capacidad de crecer.
