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Productividad, la apuesta para el crecimiento de la exportación guatemalteca

La reconfiguración del comercio global abre una ventana estratégica para el sector exportador guatemalteco, pero aprovecharla dependerá de decisiones los líderes de negocios como inversión, innovación y valor agregado.

El nuevo orden del comercio internacional —marcado por cadenas de valor más regionales, digitalización acelerada y transición energética— está redefiniendo las reglas de la competitividad. Para Guatemala, este contexto representa una oportunidad para su desempeño exportador. Sin embargo, el factor decisivo no será el entorno externo, sino una combinación entre la capacidad del sector empresarial para elevar la productividad mediante inversión estratégica, adopción tecnológica y el impulso de una Agenda Marco de Competitividad País bajo tres pilares:   infraestructura (carreteras, puertos, aeropuertos, logística, energía); automatización de Trámites y Productividad (en materia laboral y cambiaria). 

Un reciente análisis de McKinsey & Company plantea que la región ha sido, durante más de medio siglo, un territorio de alto potencial no realizado. Hoy, los cambios en las cadenas globales de valor, la digitalización acelerada y la transición energética ofrecen una oportunidad concreta para revertir esta tendencia, siempre que se actúe con enfoque, inversión y coordinación público-privada.

¿Qué hace diferente a Latinoamérica?

América Latina cuenta con activos diferenciadores: una matriz energética con alto componente renovable, abundantes recursos naturales, una fuerza laboral joven y una ubicación geográfica estratégica para atender mercados de América del Norte, Europa y Asia. Sin embargo, la baja inversión histórica ha limitado el crecimiento de la productividad. En los últimos 25 años, el capital adicional por trabajador apenas aportó 0.9 puntos porcentuales anuales al crecimiento productivo, muy por debajo de economías comparables.

Para el sector exportador, este desafío no es abstracto. La productividad es el factor que determina la capacidad de competir en precio, calidad, tiempos de entrega y valor agregado. De acuerdo con McKinsey, inversiones focalizadas en sectores estratégicos podrían generar entre 590 mil millones y 1.2 billones de dólares en ingresos anuales adicionales en la región hacia 2040. Alcanzar ese escenario exige movilizar inversiones acumuladas de entre 1.7 y 2.8 billones de dólares, junto con políticas públicas alineadas y una ejecución eficiente.

Tres grandes palancas concentran el mayor potencial de impacto.

El estudio de McKinsey identifica a la primera como la revitalización de la base industrial, a través de manufactura avanzada y nuevas soluciones energéticas como el modelo power-to-X, que incluye el hidrógeno verde. América Latina podría capturar cerca de 200 mil millones de dólares anuales en manufactura de nueva generación y otros 60 mil millones en energías limpias, apalancándose en su potencial renovable y en la creciente demanda global de soluciones bajas en carbono. Para países exportadores, esto representa una oportunidad de integrarse en cadenas de valor más sofisticadas y sostenibles.

La segunda palanca es la digitalización global. Los servicios de tecnologías de la información y business process outsourcing (BPO) podrían generar alrededor de 255 mil millones de dólares adicionales al año. A ello se suma el desarrollo de centros de datos, impulsado por la cercanía a grandes mercados, la conectividad y la disponibilidad de energía limpia. Guatemala, con talento joven, costos competitivos y creciente ecosistema digital, puede posicionarse como proveedor regional de servicios exportables de alto valor.

La tercera palanca es el aprovechamiento estratégico de los recursos naturales, con énfasis en agroalimentos, minerales críticos y energía. El sector agroalimentario, clave para la balanza exportadora regional, podría generar hasta 425 mil millones de dólares adicionales en ingresos anuales si se mejora su productividad mediante inversión en tecnología, infraestructura y acceso a mercados internacionales. La región ya es el mayor exportador neto de alimentos del mundo; el reto es avanzar hacia productos con mayor valor agregado y estándares internacionales más exigentes.

Los retos de la exportación guatemalteca.

El crecimiento futuro de América Latina no puede seguir dependiendo únicamente del aumento de la fuerza laboral. Para el sector exportador guatemalteco, representado en AGEXPORT, aún quedan pendiente desafíos estructurales que han venido afectando la competitividad exportadora como del país, y los cuales requieren atención como el incremento de costos de energía, infraestructura deteriorada, alza en los costos navieros, congestión portuaria, falta de productividad laboral, burocracia en trámites, entre otros retos que restan capacidad para competir frente a otros países.

La oportunidad está sobre la mesa. Convertirla en resultados dependerá de la capacidad de alinear visión estratégica, inversión productiva y ejecución efectiva. Si se logra, Guatemala y la región no solo podrán mejorar su productividad, sino consolidarse como actores relevantes en la nueva economía global.

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