Diego Recalde / FAO Guatemala

Por: Diego Recalde / Representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Huevos con frijoles, tortillas, queso y crema. No puede faltar el café. Típico desayuno guatemalteco. Alguien agrega chirmol y platanitos fritos.

Damos por sentado que los productos estarán allí, en la mesa cada día. Pero, ¿se ha preguntado de dónde viene cada uno de esos alimentos? ¿Qué pasaría si esos trabajadores incansables decidieran no producir más? Seguramente, la mesa estaría casi vacía.

Más del 70 por ciento de los alimentos que llegan a las mesas de cada guatemalteco son producidos por agricultores familiares. Ese trabajador o trabajadora se levanta muy temprano para alimentar a las gallinas que producen los huevos, o bien, se va derecho a su parcela a realizar labores de producción del maíz para las tortillas o las cebollas que condimentarán los frijoles.

La mayoría de agricultores familiares viven en las áreas rurales de Guatemala. Tienen ingresos menores al salario mínimo. Producen para sus propias familias y para otras más: la suya y la mía.

La agricultura familiar está completamente vinculada a la seguridad alimentaria y nutricional de los guatemaltecos. La mayoría de agricultores familiares de Guatemala, como en muchos otros países, viven en el área rural, área con altos índices de pobreza (64.4 por ciento de los hogares rurales). Y es precisamente en la agricultura, en el sector en el cual se ocupan y laboran las familias rurales.

A pesar de las estadísticas, no se tiene una caracterización ni registro nacional de las familias que se dedican a la agricultura. Éstos son instrumentos que permiten una adecuada planificación e implementación de políticas diferenciadas a favor de los agricultores familiares. Gobiernos de nueve países de la región, incluida Guatemala, con el apoyo de la FAO por medio del programa Mesoamérica Sin Hambre, avanzan hacia esa caracterización y registro de la agricultura familiar.

Estos mecanismos brindan la información sobre identificación de los titulares de las unidades productivas y sus miembros, así como la localización de las fincas o parcelas; datos de tenencia de la tierra; tipo de productos e, incluso en algunos casos, los ingresos generados. La caracterización y registro puede significar un salto cualitativo en la atención y calidad de vida de estos miles de hogares que se dedican a la agricultura familiar.

En el caso de Guatemala, los instrumentos están ya aprobados y se están adoptando: la Política Nacional de Desarrollo Rural Integral (PNDRI), el Programa de Agricultura Familiar para el Fortalecimiento de la Economía Campesina (PAFFEC), la Ley PROBOSQUE, entre otros. El mecanismo del Sistema Nacional de Extensión Rural (SNER) tiene ya una cobertura nacional y el sistema de Centros de Aprendizaje para el Desarrollo Rural (CADER).

Los hogares agropecuarios guatemaltecos cuentan con sistemas productivos que combinan las actividades, agrícolas, pecuarias y forestales. Son todas actividades complementarias.

La agricultura familiar hace aportes muy significativos, por ejemplo: producen el 68 por ciento de la producción nacional de maíz y un 33 por ciento de la producción de frijol. Además, dan un aporte invaluable en el cuidado, conservación y domesticación de las semillas (material fitogenético).

Mientras la producción de la agricultura familiar se lleva a cabo en las áreas rurales, el área urbana se beneficia grandemente.

El desarrollo integral de los territorios, con una atención diferenciada a las familias agricultoras, puede encaminar a Guatemala hacia el alcance de los distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible.