Entre el 14 de junio y el 15 de julio de este año, Rusia – el país más grande del mundo – celebrará por primera vez en la historia una fase final de la Copa del Mundo de la FIFA y será la primera vez que se celebre en la Europa Oriental.

Por: Mauricio Sotomora – máster en gestión deportiva

Cuando Rusia fue elegida como sede para organizar el Mundial de 2018, el ministro de Deportes ruso, Vitaly Mutko, y el director general de la candidatura, Alexéi Sorokin, mencionaron que “somos como ustedes, nos gustan las mismas cosas, tenemos las mismas inquietudes”, aludiendo a la Europa Occidental que es más conocida de este lado del mundo en el que vivimos.

Desde aquel entonces, un 3 de diciembre de 2010, los ojos del mundo han estado puestos en esta gran nación comandada por el primer ministro Vladimir Putin.

¿Serán iguales? ¿Les gustarán las mismas cosas? ¿Qué podremos encontrar en territorio ruso? ¿Qué consumen? ¿Qué ofrecerán a sus visitantes?

Sin duda el movimiento económico que genera un evento de tal envergadura en el país sede es muy alto. Desde la infraestructura de los estadios, lo que implica la compra de materiales de construcción, el movimiento turístico, la hotelería, la venta de boletos y prendas de vestir, el consumo de alimentos y bebidas, el gasto en equipamiento para seguridad. En fin, todo esto requiere insumos, requiere más proveedores que los habituales. ¿Quién abastece al mercado ruso? ¿Será una oportunidad para los exportadores chapines?

Y qué hablar de los 32 países clasificados, seguramente aumentarán el consumo interno de artículos relacionados con el Mundial. Países como Perú, que tenía 36 años de no asistir a un mundial, o Panamá, que se presenta como “el benjamín” en la cita mundialista, tienen gran expectativa por la participación de su selección en el torneo, sin dejar de mencionar a nuestro vecino México, que ya es tradicional que aparezca como uno de los países participantes.

Se antoja pensar que Guatemala tiene variedad de productos tradicionales y no tradicionales que pueden abastecer estos mercados que se verán afectados por esta “locura mundial”.

Para Guatemala, pese a que otra vez no clasificamos al Mundial, ya es costumbre ver los partidos de fútbol, pero para este año hay un cambio digno de resaltar: no se podrá ver por televisión abierta, lo que implica que los aficionados tendrán que adquirir el servicio de televisión de paga o bien dirigirse a establecimientos como los restaurantes lo que obviamente aumentará el consumo en alimentos, bebidas y otros artículos relacionados.

Para el sector de las agencias de viaje y tour operadores habrá un pequeño sector de la población que viajará para ver en vivo alguno de los 64 partidos de este gran evento. Quizá sean estos privilegiados aficionados chapines quienes podrán contarnos de primera mano si es verdadera la frase utilizada por las autoridades rusas “somos como ustedes, nos gustan las mismas cosas, tenemos las mismas inquietudes” y aunque no lleguen a saberlo, ¡ojalá!, consuman algún producto que utilice materiales “Made in Guatemala”.