Allan comenzó su proyecto de acuicultura como muchos emprendedores: endeudándose. Con asistencia técnica y financiera de AGEXPORT y un banco del sistema empezó su aventura que hoy produce unos 800 quintales de camarón por cada ciclo de cosecha.

En el trayecto entre Monterrico y Hawaii, en la costa pacífica guatemalteca, el paisaje se repite: piscinas en donde se producen camarones o tilapias. Esto no es exclusivo de la zona, pues en el país esta forma de vida ha ido extendiéndose.

El caso de Allan es uno particular. Lo que empezó con una deuda se ha convertido en media docena de estanques artificiales en donde se emplea variedad de tecnologías para cosechar miles de camarones en tres ciclos anuales.

Pequeños rótulos ofreciendo mariscos se avistan en la carretera, evidenciándose la vocación marino-costera de esos poblados.

Sin embargo, el éxito de los camarones, como lo cuenta Allan, está en la semilla, en las larvas. Estas son provistas por el laboratorio de Acuamaya, el cual a su vez cosecha aproximadamente 15 millones de ejemplares diarios.

“La tecnología – para la producción de las larvas de camarón – fue desarrollada en diferentes partes del mundo, pero aplicado en este laboratorio. A diario se hace una selección de los mejores camarones para que sobrevivan y abastecer a productores como Allan”, mencionó Alexander de Beausset, director en el Sector de Pesca y Acuicultura de AGEXPORT y socio de Acuamaya.

Los jocotes de la aldea La Brea

Antes del laboratorio, Allan Gómez, es testigo de cómo era el oficio: era pesca artesanal de esteros o del mar – con rendimientos más bajos –. Su próximo paso será exportar, porque la calidad ya la tiene.