Entrevista publicada en la edición impresa 278

Todo empezó en 1988, en una de las ediciones de la tradicional Interfer en el Parque de la Industria. Para contar la historia, entrevistamos a uno de sus impulsores, el arquitecto Carlos Porras Monge.

Cuéntenos, ¿cómo empezó Expomueble?

Empezamos en el Parque de la Industria con el Salón del Mueble. Era un pedacito, pero AGEXPORT nos pedía que fueran al menos cinco empresas para entrarle a un evento de ese tipo. Cuando c al fin conseguí a las cinco empresas, en Coperex (administradores del Parque), me dijeron ya no había lugar. Pero aprovechando que conocía a un primo y otras personas, les pedí un espacio en el parqueo y, con fe, le quitaron un pedazo al área de España. Era el salón más cercano a la Avenida Castellana. Teníamos pánico, no miedo, era pánico.

¿Quién les apoyó?, ¿cuáles fueron los primeros retos?

Hubo gente como Antonio Galota, que traía el concepto de ferias en Europa. Nos salvó la vida. Nosotros teníamos dos retos: uno era pagar el espacio y otro pues lograr las ventas. Continuamos en el Parque de la Industria siempre en Interfer y empezamos a crecer… un poco, tanto en número como en metros cuadrados. Llegó un momento en el que Coperex nos dijo: nos agarran un salón o ya no hay Expomueble.

Así que pensamos qué hacer. Hablamos con la gente del calzado. Y así surgió Expocalzado, utilizábamos la mitad cada uno. Ahí quiero señalarle algo: uno debe hacer alianzas. Si todos somos industriales, tenemos que hacer alianzas.

Luego nos dimos cuenta de que Interfer era un evento muy largo, eran tres semanas y la gente llegaba solo a recoger volantes y los pasaban tirando. Así que pensamos “es momento de irnos a otro lado”.

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Y, ¿a dónde se fueron, ¿cómo fue esa otra aventura?

Al salón Las Naciones del Hotel El Dorado (ahora Barceló). Nos fuimos para allá, pero tres semanas antes, hubo una Expocarro y se quemó el salón.

Eso nos impresionó. Los del hotel quitaron una cancha de tenis que tenían y ahí se hizo un área para exposición. La única desdicha era que tocaba entrar por la rampa, que, además de ser bajada, tenía unas rayitas para evitar que se deslizaran los carros, ¿y los tacones de las señoras? ¡Y no solo eso!, llegando abajo, soplaba todo el regreso del aire acondicionado, para levantarle la falda a las señoras que se les había roto el tacón (tono irónico).

Así que quitamos un ventanal y construimos con nuestro propio dinero unas gradas para bajar a las canchas de tenis. Quedó impresionante, porque usted iba bajando y al terminar las gradas estaban todos los muebles. Construimos entre todos: unos tenían el material, otros dijeron que podían llamar a su herrero.

Nos metimos a un gasto dos semanas antes del evento y estábamos tronándonos los dedos para variar. Pero al terminar el evento, el hotel nos dijo: les compró las gradas. Así que hasta resultamos ganando.

En el techo de ese lugar se leía “Rex”, porque resultó que era la carpa del Circo Rex. Pero todo estaban tan bonito, con los muebles, que nadie se fijaba en eso. El día de la inauguración empezó a llover y a caer las goteras. Los que vendían alfombras persas estaban gritando…

Al otro día, uno de mis muebles tenía la gaveta inundada con los listados de precios…pero solventamos.

Después llegó la época de Tikal Futura…

Sí. Es que cada vez que vendría la Expomueble, nos tomábamos la molestia de ir a todos los centros de exposición, como un ejercicio. Así podíamos comparar. Fuimos a Tikal Futura, que tenía su expocenter. Tenía una cancha de papifutbol, con los graderíos, no tenía cielo falso…entonces les dijimos: está bien, pero lo queremos en los salones de arriba, alfombrado, con buen cielo falso y lámparas. Y así comenzó Expomueble como la conocemos ahora.

Al principio la gente nos decía: pero ¿qué van a ir a hacer a la Roosevelt? y ahora todas las exposiciones se hacen ahí. Hay que ser pioneros también.

Quiero señalarle que hay que hacer el ejercicio de ir a ver qué lugares hay. Lo mismo hacíamos con las agencias de publicidad: visitábamos una, dos o tres. No importaba si alguien decía “a mí me trabaja esta o aquella (agencia)”, lo importante era lo que el Comité decidiera.

Le quiero contar una charada. Yo no era el Presidente de Expomueble, era Mario Pineda. Él joven, aventado y dijo: quiero que tomemos los tres pisos de Tikal Futura y como a mí me gustan los retos, fui a comprometerme con Estuardo Gudiel, el entonces gerente.

Y eso lo que provocó fue que Expomueble creciera. Y ¿qué pasó?, fuimos económicamente rentables. Antes salíamos gateando y pidiéndole favor a AGEXPORT que nos prestara para arrancar el otro año, pero al ser más los negocios, funcionó. No le tuvimos miedo a crecer.

Entonces eso me lleva al punto de porqué nació Expomueble. Yo creo que va siendo momento de cambiar. Como guatemalteco soy fiel creyente de que en cada esquina hay un carpintero potencial. Somos hábiles, Guatemala es un país donde hay madera, deberíamos impulsar a la gente sencilla, que aprenda y comercialice sus muebles.

Yo pienso que debe haber Expomueble en Xela, en Petén, en Zacapa. Debe haber polos donde se desarrolle la gente sencilla. ¿Y por qué íbamos a llevar muebles chinos a Petén? si ahí hay gente con necesidad de trabajo, pero si no tienen trabajo, se vuelven informales.