Publicado originalmente en la edición impresa 278

Hablar del ambiente dejó de ser un asunto relegado para amantes de la naturaleza. Países que buscan el desarrollo, como Guatemala, enfrentan un doble reto porque los recursos naturales se agotan, ¿es posible desarrollarse sosteniblemente?

“Está en manos de la humanidad asegurar que el desarrollo sea sostenible, es decir, asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias”, Informe Brundtland, Noruega, 1987. En ese documento se definió por primera vez el término “desarrollo sostenible”.

El escenario global comenzaba a cambiar por aquellos años. El Muro de Berlín cayó, la Unión Soviética colapsó. “Yo le llamo la etapa realista, que es de hecho en la que estamos enganchados todavía, pero con rebeldías de las etapas anteriores localizadas en corporaciones que no quieren mirar al ambiente, que quieren ir a un estado de explotación ilimitada, pero eso está cambiando. Ha surgido la Responsabilidad Social Empresarial”, opinó el Director del Instituto de Desarrollo Sostenible de la Universidad Galileo, Nelson Amaro.

“El planeta está pasando por un período de crecimiento espectacular y de cambios fundamentales. Nuestro mundo de cinco mil millones de seres humanos debe hacer lugar en un medio ambiente finito a otro mundo de seres humanos”, citó el documento de hace treinta años. La población creció en aproximadamente 2 mil millones de personas…y contando.

Para el Codirector del Centro de Estudios Ambientales y Biodiversidad de la Universidad del Valle de Guatemala (CEAB-UVG), Edwin Castellanos, tradicionalmente se ha visto como opuesto el desarrollo económico y la conservación ambiental, pero esa perspectiva ya cambió.

Los modelos climáticos y los escenarios de mayor probabilidad para Guatemala señalan que, experimentará aumentos de temperatura hacia el 2050 y 2100 entre 2° y 4.7° centígrados, y reducciones en la precipitación acumulada de entre 7 y 27 %, afectando principalmente a los sectores de salud, recursos forestales, recursos hídricos, agricultura, biodiversidad e infraestructura, MARN, 2016.

“Uno se pregunta: será que conservo o será que desarrollo. En la nueva visión que se tiene, no en Guatemala, sino en el mundo, la pregunta ya no es esa, ahora es: ¿cómo desarrollo conservando los servicios ambientales. El enfoque ahora ya no es sobre una conservación de “no tocar”, sino de una conservación de los servicios que el entorno ambiental nos provee”, añadió el experto.

La cuestión dejó de ser entonces si lo que necesitan las sociedades es desarrollar para crecer, sino cómo hacer uso sostenible de los recursos naturales.

El director del Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos (CECON-USAC), Francisco Castañeda Moya, planteó que la tradicional forma de basar un crecimiento económico infinito en un planeta finito es ilógica. “Si la economía de Guatemala crece a un 3 por ciento, esa cifra se duplicará en 20 años. Es una ecuación exponencial. El asunto es que, si pensamos en la cantidad de recursos que usamos y la cantidad de basura que liberamos, en 20 años, es un montón”.

Castañeda Moya hizo ver que lo ideal es buscar desarrollo, pero con un crecimiento económico desmaterializado, que requiera menos recursos naturales y que desecho menos. “El planeta deberá buscar formas en que haya desarrollo, pero no con un crecimiento infinito, sino sostenido”, refirió.

La encrucijada

Relación entre el crecimiento del PIB y el uso de recursos naturales. Fuente: Pacto Ambiental

Guatemala se encuentra en un punto que pareciera sin retorno. En 40 años, el país deforestó la mitad del bosque que tenía. “Pasamos de tener un 66 por ciento de cobertura boscosa al 33. Ahora debemos pensar si nos queremos detener ahí o si vamos a seguir hasta llegar al 10 o al 15 por ciento, es momento de preguntarnos como país hacia dónde vamos”, reflexionó el representante del CEAB-UVG.

Datos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) dan cuenta que 2.2 millones de hogares utilizan leña para cocinar. Guatemala demanda aproximadamente 27.98 millones de metros cúbicos de ese recurso solo por demanda doméstica, según el Instituto Nacional de Bosques, eso significa “10.02 millones de metros cúbicos más de leña de lo que crece en el bosque, por lo tanto, el consumo de leña a nivel nacional no es sostenible”, señaló en su Estrategia Nacional de Producción Sostenible y Uso Eficiente de la Leña esa fuente.

Los países que buscan el desarrollo tienen que crecer económicamente, eso es incuestionable, pero “si degradamos el ambiente, nos cobrará la factura. Los desastres naturales causados por deforestación, por ejemplo, tienen un impacto porque toca hacer un gasto en reparaciones y atenciones, aunque lo reporten como inversión, en realidad le resta al crecimiento que el país podría tener”, advirtió el delegado de la USAC.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, apunta que “el balance energético nacional muestra que, en el consumo nacional de energía, la leña constituye el 63 por ciento del consumo final de energía”.

El desarrollo requiere siempre mayor uso de recursos naturales, recurso que Guatemala posee, pero que debe hacer un uso apropiado.

“Está perfectamente documentado que el crecimiento económico demanda más energía, entonces la pregunta es: de dónde viene esa energía. Estamos de acuerdo en que tenemos que seguir creciendo, generar más riqueza y más energía, pero esa energía tiene que venir de fuentes limpias y sabemos que el país tiene exceso de agua, la energía hidráulica es de las mejores fuentes que el país puede tener”, opinó Castellanos.

Sin embargo, en la actualidad hay 14 proyectos hidroeléctricos suspendidos por conflictividad.

En ese aspecto, el Presidente de AGEXPORT y del CACIF, Antonio Malouf, ha manifestado la postura del sector empresarial organizado de forma enfática: reglas claras.

“Es un tema que, como guatemaltecos, el Ejecutivo y las Cortes de Justicia, dejaron al tiempo y se han vuelto complicados”, comentó el empresario.

Castañeda Moya coincidió en el potencial hidroenergético de Guatemala. “Bien utilizada esa fuente, tiene la capacidad de cambiarle la historia al país, pero tenemos que ponernos de acuerdo en cómo se va a hacer, porque bien hecho es algo importante, pero sino, se genera incertidumbre”, indicó.

La energía proveniente de fuentes renovables es la opción que Guatemala debe seguir. Y tiene con qué. El MEM estudió que el país posee capacidad de generar 6 mil megavatios de energía hidroeléctrica y 1 mil megavatios a base de geotermia, sin embargo, se aprovecha solamente el 21.8 por ciento de la primera y el 3.4 por ciento de la segunda.

¿Y el sector privado?

El desarrollo sostenible entonces, es posible, ¿qué papel debe jugar la empresa privada?
Según la iniciativa WAVES de contabilidad de la riqueza y valoración de los servicios de los ecosistemas, liderada por el Banco Mundial, el capital natural de Guatemala es de Q 1.1 billones, pero su depreciación alcanza los Q 3.5 mil millones.

“La vida moderna requiere de ciertos niveles de producción de desechos, pero con esos desechos podemos hacer dos cosas: tirarlos en el barranco de la vecindad o utilizarlos como insumos para otro proceso productivo, que es a lo que ahora le estamos llamando economía circular”, apuntó el Director de la Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación, Marco Vinicio Cerezo.

El 83 por ciento del dióxido de carbono que el país emitió en 2016, fue por transporte terrestre y generación energía, según el Ministerio de Energía y Minas (MEM). La industria, manufactura y construcción, solamente representó el 11 por ciento.

Cerezo explicó los ecosistemas circulares: la materia y la energía se reciclan, ahora hablamos de ecosistemas industriales circulares, en los que el calor que una empresa genera, le sirve a otro para generar energía y le sirve para sus procesos productivos. El desecho de una empresa le puede servir a otra para generar insumos para producción.

“La empresa privada es la que debe invertir en mantener los recursos y eso ya está sucediendo. Las empresas de alrededor de la ciudad crearon un Fondo del Agua para conservarla, por ejemplo”, afirmó Edwin Castellanos.

A decir de Castañeda Moya, el sector empresarial “debe jugar un papel importante. A nadie le conviene la pobreza, si hay una clase media grande que puede comprar, habrá un mercado interno asegurado. Los negocios sostenibles son el futuro, ahí habrá un incremento de las ganancias”.

El cambio climático es un factor desencadenante de la problemática ambiental. “En Guatemala, a través de AGEXPORT, se ha visto liderazgo empresarial para acompañar al Gobierno en la toma de medidas más fuertes en el tema de cambio climático. La adaptación es clave y el pequeño productor o exportador no tiene capacidad económica y ahí es donde instituciones como AGEXPORT son claves porque ofrecen apoyo”, dijo el experto del CEAB-UVG.

El CACIF posee un modelo de responsabilidad ambiental empresarial, con áreas prioritarias de acción. Además, las diferentes instancias privadas, entre ellas AGEXPORT, se han sumado a la elaboración de políticas públicas vinculadas al cuidado del medio ambiente tales como el Sistema Guatemalteco de Ciencias del Cambio Climático, el Pacto Ambiental, el Plan Maestro de Turismo Sostenible, el Consejo Nacional de Cambio Climático o la propia Política Nacional de Producción Más Limpia.

Más recientemente, el CACIF presentó al Congreso de la República un articulado con propuestas para la discusión de una Ley de Aguas.